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JNJ: cuando el ruido político se parece a una mala cuota

CCarlos Méndez
··6 min de lectura·junta nacional de justiciajunta nacionaljusticia peru
a large crowd of people watching a soccer game — Photo by Waldemar Brandt on Unsplash

A eso de las 11:00 de la mañana, más o menos, el asunto volvió a prender en búsquedas y titulares: la Junta Nacional de Justicia quedó otra vez bajo la lupa por la no ratificación del juez Oswaldo Ordóñez. No sorprende. En Perú, cuando una decisión roza jueces, Congreso y sistema disciplinario, la discusión entra brusca, con esa falta a destiempo de un delantero que llega tarde a la barrida.

Antes de ese pico de atención, el guion ya venía armado. Expertas de la ONU cuestionaron la medida y hablaron de represalia. Del otro lado, voces políticas y mediáticas celebraron la salida o la usaron como trinchera ideológica, porque pasa eso: en cuanto aparece un caso útil para confirmar una posición previa, casi nadie se resiste a empujarlo hacia su propio relato. Entre ambos frentes, el dato más incómodo suele esfumarse. La JNJ no atraviesa una tormenta aislada. Vive una repetición. Y eso pesa más que el escándalo del día.

El historial que se repite

Conviene mirarlo en frío. La JNJ nació en 2020 para reemplazar al extinto Consejo Nacional de la Magistratura, barrido tras la crisis de los audios de 2018. Ahí aparece la primera huella histórica. En menos de una década, Perú ya cambió una vez la entidad encargada de nombrar y sancionar jueces y fiscales, y eso, aunque se lo quiera envolver en lenguaje institucional, no transmite estabilidad sino otra cosa, más áspera: un sistema que se resetea cada vez que la presión política sube demasiado.

Después apareció la segunda constante. Cada decisión sobre ratificaciones, destituciones o procesos disciplinarios termina leyendo más clima político que expediente. Pasó con el viejo CNM. Pasa con la JNJ. Cambian los nombres, no el mecanismo. Si una resolución toca a un actor que habló ante la CIDH, criticó al Congreso o quedó atrapado en una pelea mayor, la lectura pública deja de ser jurídica y se vuelve faccional, casi automática, como si el país ya no discutiera reglas sino bandos, bandos otra vez.

Manifestación frente a un edificio institucional en una ciudad latinoamericana
Manifestación frente a un edificio institucional en una ciudad latinoamericana

Hay un tercer dato duro. El caso Ordóñez no brota del vacío de este domingo 3 de mayo de 2026. Llega después de meses en los que la justicia peruana, el Congreso y los organismos internacionales chocaron una y otra vez por competencias, sanciones y autonomía, y cuando esas tres capas se pisan entre sí, históricamente, el desenlace casi nunca enfría nada.

La sube. Siempre.

El minuto en que cambia la lectura

Ese minuto exacto no coincide con la salida de la resolución. Es el momento en que actores externos califican la decisión como represalia. Ahí cambia todo. El caso deja de ser un trámite de carrera judicial y pasa a convertirse en símbolo; y cuando un tema se vuelve símbolo, la conversación pública se parece bastante a una casa de apuestas en hora punta, donde todos corren hacia una línea y casi nadie se detiene a preguntar si el precio está mal puesto.

Mi lectura va por ahí: en Perú, la historia muestra que cada sacudida alrededor de la JNJ produce sobrerreacción. El público compra la narrativa total. O la JNJ es un brazo político, o la JNJ es una víctima perfecta. No me convence ninguna completa. Ese blanco o negro ya falló antes. Fracasó con el CNM. Fracasó en las reformas posteriores. Y ahora, otra vez, vuelve a fallar.

La analogía con apuestas entra sola. Cuando una noticia legal se vuelve tendencia con 200 búsquedas o más en poco tiempo, mucha gente sale a buscar una sentencia final sobre quién ganó y quién perdió. Es la lógica del 1X2 aplicada a un expediente. No da. Aquí no hay marcador cerrado, sino un proceso con capas, plazos, efectos y costos institucionales que, para colmo, suelen hacerse visibles semanas después y no el mismo día, cuando todavía todo suena más fuerte de lo que realmente deja.

Donde sí hay una lección de apuesta

Traducido al lenguaje del riesgo: el peor movimiento frente a un tema como la JNJ es entrar por impulso. En apuestas pasa lo mismo con una cuota que se derrumba por ruido mediático. El mercado dice "ya está claro"; yo no lo compro. En la política judicial peruana, la historia castiga al que toma una foto y la vende como si fuera la película completa.

Sirve un ejemplo práctico, aunque no sea deportivo en sentido estricto. Si una controversia institucional parece resolverlo todo en 24 horas, desconfíe. Entre 2018 y 2020, el sistema de control y nombramiento de magistrados atravesó una mudanza mayor, se prometió una corrección de fondo y, seis años después, el debate sigue enredado en lo mismo: legitimidad, captura, presión, represalia. El envase cambió. No más. La grieta siguió intacta.

Eso deja una conclusión incómoda. El patrón histórico no sugiere cierre pronto ni limpieza narrativa. Sugiere, más bien, otra ronda de impugnaciones, pronunciamientos, lectura ideológica y desgaste. Como partido jugado en cancha pesada del Rímac en invierno: la pelota no corre, se traba, y el que jura haber visto una jugada limpia, bueno, quizá estaba mirando otra cosa.

Lo que viene, si uno respeta el historial

Vendrán más voces internacionales. Vendrá respuesta local. También habrá intentos de presentar el caso Ordóñez como prueba total de una tesis previa. A un lado y al otro. Ahí está la repetición que de verdad importa: en temporadas recientes de la política peruana, casi ninguna disputa sobre justicia termina donde arrancó. Se agranda. Muta. Y arrastra actores nuevos.

Fachada de un edificio judicial con símbolo de balanza de la justicia
Fachada de un edificio judicial con símbolo de balanza de la justicia

Por eso la mejor lectura no pasa por quién gritó más este domingo. Pasa por entender que el historial manda. Cada vez que la junta entra al ring público, el país sobredimensiona el episodio y subestima el daño acumulado. Así. Y eso también sirve fuera de este asunto: en cualquier debate cargado de ruido, la memoria vale más que el impulso. El apostador serio lo sabe. El ciudadano, también debería.

JackpotInfo suele mirar números antes que espuma. Acá el número de peso no es una cuota, sino otro: 2020. Desde entonces, la promesa era cortar con el pasado. Viendo lo de hoy, el pasado sigue sentado en la misma mesa.

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